¿Ves el mundo como es o como eres?

Frank Koch, un oficial naval, relató un incidente mientras servía en un buque de guerra. Estaban navegando en condiciones de poca visibilidad debido a la niebla. Durante la noche, el vigía informó:

“Luz a estribor”.

La tripulación asumió que era otro barco acercándose. El capitán ordenó enviar un mensaje por señales de luz:

“Estamos en curso de colisión. Cambie su rumbo 20 grados”.

La respuesta llegó rápidamente:

“Recomiendo que usted cambie su rumbo 20 grados”.

Molesto, el capitán envió otra señal:

“Soy un capitán. Cambie su rumbo 20 grados”.

A lo que llegó una respuesta simple:

“Soy un marinero de segunda clase. Recomiendo que usted cambie su rumbo 20 grados”.

Ya enojado, el capitán respondió:

“¡Soy un buque de guerra! Cambie su rumbo 20 grados”.

Finalmente, la respuesta llegó con calma:

“Soy un faro. Su decisión”.

¿Cuántas veces fuiste el capitán? Sé honesto…

Tomo este ejemplo para hablar sobre paradigmas: la manera en la que vemos el mundo. Un paradigma, simplificándolo mucho, son los “lentes” con los que interpretamos la vida. Cada uno de estos lentes es único y está compuesto por nuestras experiencias, la formación que recibimos y las enseñanzas de nuestra familia y amigos. Nadie está a salvo de esto.

¿Sabes qué significa? Que el mundo nunca lo vemos como es, sino como somos. Tu mundo está construido por tus creencias, tus percepciones, tu moral, tus principios y valores.

Te comparto esto porque quiero que entiendas que no todo es tan personal. Tu situación no es el fin, ni tampoco todo se debe a “mala suerte”. Hay un dicho que me da risa, pero también me parece muy real: “El que se quema con leche ve la vaca y llora”. Es gracioso por el ejemplo, pero también refleja nuestra tendencia a generalizar todas las experiencias de la vida basándonos en un solo evento.

Te cuento un ejemplo personal: si te digo “Golden retriever”, probablemente se te forma una imagen: un perro peludo, bondadoso y claramente inofensivo. Bueno, a mí me mordió uno una vez. Iba en bicicleta y el perro estaba tranquilo, sentado en la vereda. Pasé despacito y, ¡pimba!, me clavó los dientes. A pesar de que llevaba ropa, me causó bastante daño. Nadie esperaría que un perro tan tranquilo hiciera eso. Sin embargo, esa experiencia no significa que ahora me preocupe cada vez que veo un Golden. Lo que sí muestra es que nuestras vivencias personales nos marcan y nos permiten ver cosas que otros no ven.

Los paradigmas no son algo negativo, pero tampoco algo que podamos ignorar. Muchas veces sufrimos más por lo que imaginamos que por lo que realmente pasa.

¿Cómo me libero de un pensamiento paradigmático? Haciéndote preguntas, sobre todo las correctas.

TE DOY UN EJEMPLO MÁS, seguro que al ver las mayúsculas pensaste que estaba gritando. Pero eso es solo una creencia. En realidad, ¡así sí estaría gritando! Al menos esa es la manera “correcta”.

Imagina cuántas veces te has sentido ignorado, ofendido o malinterpretado simplemente porque tus gafas de realidad estaban ajustadas a tu modelo de pensamiento y no a la realidad.

La próxima vez que sientas que algo te supera, que una situación parece más grande que tú, detente un momento y pregúntate: ¿Qué estoy viendo realmente?. ¿Es la realidad tal como es, o es mi mente filtrándola a través de mis lentes?

Esos lentes no son malos, no te digo que los tires o que intentes mirar sin ellos, porque son parte de lo que eres. Pero si te aferras demasiado a ellos, corres el riesgo de chocar con faros, con realidades inamovibles que no se adaptarán a tus creencias, por mucho que las grites.

Piensa en esto: la vida no se trata de tener siempre la razón, de imponernos al mundo como lo hizo el capitán en la historia. Se trata de aprender a navegar, de ajustar nuestro rumbo cuando es necesario, incluso cuando eso significa cuestionar nuestras certezas más arraigadas.

Tus paradigmas no son enemigos, pero tampoco son absolutos. Son herramientas, mapas que te ayudan a moverte por el mundo. Sin embargo, cuando el mapa y el terreno no coinciden, ¿te aferrarás al papel o te atreverás a mirar a tu alrededor?

Porque ahí, justo ahí, es donde comienza el cambio: cuando te permites la humildad de mirar con otros ojos, de hacer las preguntas incómodas y de aceptar que, a veces, no es el mundo el que necesita cambiar, sino la forma en que lo ves.

No se trata de negar tus experiencias o tus creencias, sino de darles el lugar correcto en tu historia. Al final, el mundo no es tan personal como parece, pero tu manera de interpretarlo sí lo es. Así que, ajusta tus lentes, porque con ellos eliges cómo quieres vivir esta vida. Y créeme, siempre puedes elegir una visión más clara.
¿Qué pasaría si te atrevieras a cuestionar la historia que te cuentas sobre ti mismo y el mundo?
Gracias por compartir estos minutos conmigo. Nos vemos en otro post. Te mando un abrazo.

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Enójate un poco dale.

Imagínate que siempre tuviste la respuesta, que siempre estuvo a tu alcance lo que necesitabas para solucionar eso, pero ya es tarde, ya se te pasó.

¿Cómo te sentirías? 

No me contestes…

Tranquilo, no está todo perdido, te encontraste con el genio de la lámpara y le pedís que te lleve al momento exacto en el que podías cambiar todo. 

¿Tentador, no? 

Malas noticias, cuando llegas a ese punto exacto, no volvés con lo que sabes hoy… entonces haces lo mismo.

El ciclo se repite infinitamente.

Sí, lo sé, ciencia ficción.

Mira, voy a ser muy directo, es probable que no te conozca, y ese sería tu argumento perfecto para pensar que yo no sé nada de vos, pero no te precipites tal vez se una cosa o dos.

 Basta de misterio, vamos a lo nuestro.

Hoy tal vez estés atravesando situaciones, de tipos varios, economía, salud, familia, relaciones personales, etc.

Lo primero que te quiero decir es que lo siento, anhelo que todo mejore pronto.

Lo segundo que te voy a decir es como hacer que mejore.

Vos podés.

¿Trillado? Sí, ¿Real? También.

No te lo diría si no estuviera convencido, viste que al principio ya era tarde para cambiar tu situación, bueno, en realidad no es que era tarde, sino que no podés cambiar lo que ya pasó, podes ahora cambiar lo que va a pasar ¿Cómo? Acá empieza lo divertido.

Vos sos un ser fantástico, pensá en tu simple existencia, para la bilogía un enorme cúmulo de células, con una diferencia en tu código genético de menos del 10% con una banana, sos literalmente un milagro genético, autoinmune, inteligente, creador de la pantalla que estás mirando, creador de la electricidad que le dan poder, fua, pensar en lo que sos me vuela la cabeza.

No te quiero adular, quiero que tomes perspectiva.

¿Por qué? Para que te saques de la cabeza esa idea de que sos una casualidad, perdón mi rudeza, pero estás literalmente diseñado para superar todo lo que tengas enfrente.

¿Por qué te rendís? ¿Por qué haces vista gorda a lo que sabes que tenés que hacer? 

¡Levántate de esa silla y empezá! 

¿Sabes por qué hice el cuento imaginario del genio de los deseos? 

Por qué la vida que hoy sufrís, en el final darías lo que fuera por tener una oportunidad más.

¿Sabes por qué? Porque en el fondo sabes que lo que te pasa tiene una solución y esa solución está en vos, es por eso que te querés quedar en esta vida 

 

Nada hoy estoy un poco menos “empático” que lo habitual, pero entendeme, literalmente sos fabuloso, una obra maestra y estás desperdiciando todo eso porque las cosas no salen como lo esperas. ¡No lo aguanto más, te necesito, necesito que despiertes y le des a esta sociedad lo que necesita de vos! 

Enójate dale, que te indigné desperdiciar tu potencial, así no seguís un día más tirado sufriendo por lo que pasó o lo que puede pasar.

Nada esto no tiene un cierre dulce.

Llegó la hora de elegir entre sufrir el dolor de quedarte cómo estás o de sufrir el dolor de crecer.

Ambos caminos duelen, pero solo uno te lleva a dónde de verdad querés estar.