¡Basta! quiero cambiar

Siento que hay una condena acerca de cambiar de opinión, ¿vos no?
Si cuando eras adolescente te gustaba una banda de música y hoy ya no te gusta más, recibís comentarios como: “¿y ahora qué te hacés, si antes te la pasabas escuchando?”.
O si dejaste de comer harinas, enseguida aparece el típico: “¡Ay, estás a dieta! Si antes te comías todas las facturas…”.

A lo largo del tiempo he cambiado mis ideas y mis opiniones. Antes estaba en el otro bando, full comprometido a una idea estática y para siempre. Pero las lecciones de la vida me mostraron otra realidad: somos capaces de cambiar de opinión, de cambiar de gustos, de cambiar nuestras elecciones.

Entiendo que alguien que cambia constantemente de opinión puede parecer inconstante o incoherente. No hablo de hacer de cuenta que nunca pensaste así, sino de fundamentar tus opiniones con criterios. Los que sean.
Cuando podés, por ejemplo, dejar de escuchar una banda no porque su música dejó de gustarte, sino porque tenés más información sobre sus integrantes y los valores de los mismos ya no te representan, eso indica una sola cosa: sos un ser pensante. Alguien que fundamenta lo que le gusta o no le gusta con hechos.

De todos modos, “porque no quiero” sigue siendo una razón totalmente válida.

Hay una frase del libro Meditaciones de Marco Aurelio que me fascina:

“Si alguien puede mostrarme que lo que pienso o hago está equivocado, lo cambiaré con gusto, pues busco la verdad, y la verdad nunca le ha hecho daño a nadie. Lo que daña es permanecer en el engaño y la ignorancia.”

Esta frase me ha acompañado mucho este tiempo, porque he tomado el compromiso de evaluar mis creencias, mis opiniones y los valores que sustentan mi vida, para poder filtrar mis motivaciones y convicciones.

¿De qué te sirve todo esto?, te preguntarás.
Lo primero es que despiertes a que muchas de tus ideas no son propias, sino que vienen de alguien más, y nosotros las adoptamos como si lo fueran. Como en mi caso, con la idea de Marco Aurelio sobre la verdad y la ignorancia.

Lo segundo es que rompas con el estigma del orgullo.
Muchos temen decir que cambiaron de opinión porque eso significaría, en pocas palabras, que antes estaban equivocados, y que ahora creen no estarlo, pero con la posibilidad de estarlo otra vez. Ese estigma impide que aprendas. No te hace fuerte, no te hace un “genio”, no te hace alguien de “convicciones férreas”. Por el contrario, no aceptar la idea de que todo puede transformarse te convierte en un ciego que no quiere ver.

Cambiar de opinión no te hace débil. Sé que puede parecer que mantenerte firme en una postura por siempre es un signo de convicción. Pero te animo a que no seas tan ingenuo como para creer que una sola idea puede durar para siempre, de manera atemporal, sobreviviendo a todo infortunio.

Quiero aclarar que no hablo de valores como la honestidad, la integridad o la bondad. Hablo de cosas más prácticas, como creer que es de mala etiqueta rechazar la invitación de un amigo a cenar, o negarte a aceptar los beneficios de un desayuno bajo en carbohidratos porque tu mamá te crió a pan con manteca y azúcar y a vos “no te hizo nada”.

Más profundo todavía: negarte a cambiar tu relación con una persona porque “siempre la trataste así y nunca le importó”.

Aferrarte a cualquier idea como única e inviolable te cierra a redescubrir tu mundo, a expandir tus fronteras y a abrir los ojos a una realidad mucho más grande, emocionante y llena de posibilidades.

No caigas en los estereotipos. No te niegues a creer que hay gente bondadosa y también gente cruel, que hay ricos humildes y pobres avaros. Los ejemplos son infinitos. Estoy seguro de que ya se te vinieron a la mente. Así que te animo a que enfrentes esta nueva idea: aquello que defendés con uñas y dientes puede que no esté tan bien, y eso que negás con todas tus fuerzas puede que no esté tan mal.

Y si no, pensá en la pizza con ananá. Personalmente la detesto, pero conozco gente que la ama con pasión. En este vasto mundo existen múltiples realidades.

Así que me despido con una de mis máximas preferidas:

“No me avergüenza cambiar de opinión, porque para nada me avergüenza poder pensar.”
Pablo Perez

 

Si has disfrutado de mi contenido y te gustaría apoyarme para seguir creciendo y mejorando, considera donarme un “cafecito”. ¿Qué es un “cafecito”? Es un aporte económico de $1000 que puedes hacer de manera directa desde tu cuenta de mercado pago siguiendo el botón que está aquí abajo.

Invitame un café en cafecito.app
Tambien podes hacer una transferencia al alias: Yosoypablo22 
A nombre de Pablo Alfredo Perez.

Cada pequeña contribución me ayuda a mantener el sitio en funcionamiento y a continuar brindándote contenido de calidad que espero que te inspire y motive en tu jornada.

¡Tu apoyo significa mucho para mí y me impulsa a seguir adelante! ¡Gracias por ser parte de mi comunidad y por ayudarme a hacer del mundo un lugar mejor!

¡Un abrazo y muchas gracias por tu generosidad!

 

El perfeccionismo está matando tus sueños (y no te das cuenta)

La búsqueda del perfeccionismo es algo histórico, nadie quiere equivocarse.
¿Por qué pasa esto? Bueno, yo no lo sé con certeza, pero te puedo contar cómo lo vivo yo y cómo lo veo en los demás también.

Hablando de los demás, tengo la oportunidad de estar en contacto con mucha gente que confía en mí como alguien a quien pueden acudir en busca de un consejo o simplemente para ser escuchados. A lo largo de los años, la frase “Quisiera hacer esto, pero no sé…” ha sido algo que he escuchado de manera recurrente.

No nos animamos a hacer cosas. Seguro te sentís identificado con esta sensación. Pero yo nunca me quedé ahí; siempre me senté a charlar y a buscar más profundo.
Surgen preguntas como:

  • ¿Por qué tendrías miedo?
  • ¿Qué puede salir mal?
  • ¿Estás preparado para empezar? Si no, ¿cómo te puedo ayudar a buscar una formación adecuada para tu proyecto?

Y luego llegan las excusas:
“¿Y si me va mal?”
“Podría perder la credibilidad si no tengo éxito a la primera.”
“No estoy formado, la gente se va a dar cuenta y van a creer que soy un tonto.”
“Tal vez ya es tarde para que me forme, tendría que olvidarlo.”

Este tipo de cosas me dan mucha rabia, no tengo por qué mentir al respecto, realmente me alteran.
Esta manera de pensar ha destruido los sueños de muchos, y eso es… uff, frustrante.

Los fracasos más grandes no fueron por falta de habilidad, sino por exceso de perfeccionismo.

Te dejo un tip:
¿Querés asesinar tus sueños? Asegurate de planificar cada paso con extremo detalle y luego obsesionate con que te salga igual.

Claro, esto es una ironía. Las cosas no van a salir como lo planeás, al menos no en la ejecución. El fin claro será la construcción deseada, pero no podés permitirte evitar intentarlo solo porque las condiciones no son perfectas.

Obviamente, no te estoy animando a hacer una cirugía sin estudiar medicina. Lo que quiero es que reflexiones cuántas veces evitaste hacer algo y, acá quiero que seas honesto, no lo hiciste porque pensaste que alguien más lo haría mejor, o porque temiste que las personas cuya opinión te importa se burlaran de vos.

Yo te pregunto:
¿Ese es el tope de tu vida? ¿Lo que los demás puedan ver en vos?

Citando a James Clear, autor de Hábitos Atómicos:
“La única manera de ser grandioso en algo es siendo consistentemente bueno.”

Clarísimo.
Empezar. Mejorar. Continuar. Mejorar.
El ciclo sigue.
Ningún primer intento será grandioso.

En carne propia

Te cuento una pequeña historia.

Años atrás hice una carrera terciaria: una tecnicatura en Recursos Humanos. Algo que a muchos estudiantes aterra son los exámenes finales. Veía esos pasillos llenos de gente nerviosa, preocupada por qué les iban a tomar y si les iría bien o no.

Y luego estaba yo. (Aclaro que estoy seguro de que no era el único, pero esta es mi historia, así que hablo de mí).

Para mí, rendir un examen final era una ecuación sencilla:

  • ¿Estudié lo suficiente? Sí. → Entonces te va a ir bien.
  • ¿Estudié lo suficiente? No. → Entonces es posible que te vaya mal.

Asumir mi responsabilidad sobre el resultado me daba paz. No sentía nervios ni un nudo en el estómago. Simplemente me presentaba a rendir.

Y las matemáticas estuvieron de mi lado. Aprobé todos los exámenes para los que me preparé apropiadamente, y los que no… bueno, los desaprobé.

Te cuento esto porque quiero hablar sobre confianza, el asesino del perfeccionismo.

La confianza se crea con competencia, es decir, con ser competente. Si estás preparado, el perfeccionismo no te va a importar porque vas a saber que lo hacés bien.

¿Cómo aplico esto en mi vida?
No pienses en cómo van a reaccionar los demás. No pienses en los resultados que no dependen de vos. Pensá en lo que sí tenés bajo control.

Si sos una persona honesta, pagás tus impuestos, tenés mercadería en buen estado, no vendés nada quemado y llevás un control estricto de tus finanzas empresariales… ¿qué va a salir mal?

Claro, siempre van a existir reveses, pero ese no es el punto.
Si estás pensando demasiado en que debe ser perfecto, te pasan dos cosas:

  1. Estás demasiado enfocado en lo que los demás puedan pensar.
  2. Te falta confianza.

Y la confianza se gana con práctica o con conocimiento sobre el tema.

¿Sencillo, no? Bueno… no.
Todos sabemos que no es fácil.

Pero no importa si es fácil o no. Lo que de verdad importa es que hay una respuesta.
Yo te comparto la mía, cómo la vivo yo.
Y sé que te va a servir, porque es posible que alguna vez hayas pensado algo similar y te digas a vos mismo:
“No, pero de verdad, la gente se va a burlar de mí…”

Unas últimas palabras

Nunca seas ese que se burla.

Apoyá a tus amigos y a tu familia.
Hacé las preguntas correctas y escuchá con el corazón.

Cualquier persona que quiera emprender un nuevo proyecto es como un brote: necesita riego y cuidado. Suele ser frágil. Necesita de tu apoyo, no de tus críticas.

Gracias por acompañarme en esta lectura.
Espero que la hayas disfrutado y te mando un gran abrazo.

Si has disfrutado de mi contenido y te gustaría apoyarme para seguir creciendo y mejorando, considera donarme un “cafecito”. ¿Qué es un “cafecito”? Es un aporte económico de $1000 que puedes hacer de manera directa desde tu cuenta de mercado pago siguiendo el botón que está aquí abajo.

Invitame un café en cafecito.app
Tambien podes hacer una transferencia al alias: Yosoypablo22 
A nombre de Pablo Alfredo Perez.

Cada pequeña contribución me ayuda a mantener el sitio en funcionamiento y a continuar brindándote contenido de calidad que espero que te inspire y motive en tu jornada.

¡Tu apoyo significa mucho para mí y me impulsa a seguir adelante! ¡Gracias por ser parte de mi comunidad y por ayudarme a hacer del mundo un lugar mejor!

¡Un abrazo y muchas gracias por tu generosidad!