¿Qué crees que es lo correcto?

Nos enfrentamos a una pregunta clave:

¿Aceptar quiénes somos y cambiar el mundo o cambiar quiénes somos y aceptar el mundo?

Parece que debemos elegir, pero en realidad, no es una decisión excluyente.

La falsa dicotomía

Muchas veces pensamos que aceptar es sinónimo de conformarse y que cambiar es una forma de negarnos a nosotros mismos. Pero la verdad es que ambas cosas pueden convivir:

  • Aceptar quién eres no es resignarte. Es reconocer tu punto de partida sin dejar de evolucionar.
  • Cambiar no significa perder tu esencia. Es desafiarte a ser mejor, sin dejar de ser tú mismo.
  • Aceptar el mundo no es conformarte. Es entender lo que está fuera de tu control y enfocar tu energía en lo que sí puedes transformar.
  • Cambiar el mundo no es luchar contra lo inevitable. Es encontrar maneras inteligentes y efectivas de impactarlo.

No te conformes con menos de lo que puedes ser

Si no te gusta quién eres hoy, ¿por qué conformarte con una versión de ti que no quieres vivir el resto de tu vida?

Tienes todo el derecho de desafiarte, de crecer y de mejorar. No eres una identidad fija, sino una obra en proceso. La versión de ti que hoy es suficiente, puede ser mejor mañana.

Aceptar quién eres no significa que debas quedarte igual. De hecho, la verdadera aceptación es reconocer tu potencial.

Y el mundo, ¿lo aceptas o lo cambias?

Si el mundo que te rodea no te agrada, pregúntate qué puedes hacer al respecto. Pero hay algo aún más importante: pregúntate si estás dispuesto a hacerlo.

Si la respuesta es no, quizá sea momento de dejar ese asunto y enfocarte en lo que sí puedes cambiar. Si la respuesta es sí, entonces deja de quejarte y toma acción.

El mundo no cambia con pensamientos, cambia con acciones. Y las acciones comienzan en vos.

No elijas, construye

El equilibrio está en integrar ambas ideas:

  • Aceptarte sin limitarte. Aceptarte no significa quedarte en el mismo lugar. Es verte con honestidad, reconocer tus fortalezas y debilidades sin juicio y usarlas como base para tu crecimiento.
  • Cambiar sin perder tu esencia. No necesitas renunciar a quién eres para mejorar. Evolucionar es ajustar, perfeccionar y pulir lo que ya tienes en ti, sin dejar de ser auténtico.
  • Aceptar el mundo sin resignarte. Hay cosas que no dependen de ti, y está bien. Pero eso no significa que debas rendirte ante la realidad; significa que debes ser estratégico en dónde enfocas tu energía y esfuerzos.
  • Transformarlo con acción. No basta con querer que algo cambie. No basta con quejarse. Lo que realmente marca la diferencia es lo que haces al respecto. Incluso el cambio más pequeño puede ser el inicio de algo más grande.

No se trata de elegir entre dos caminos. Se trata de construir el propio.

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Lecciones para sanar: el camino a través del duelo y la aceptación

Recientemente estuve leyendo sobre algo que seguramente has escuchado: el duelo. Este proceso emocional tiene cinco etapas: negación, ira, negociación, profunda tristeza (que se llama en realidad depresión) y aceptación. Por motivos personales, prefiero renombrar la cuarta etapa como “profunda tristeza”. Esto no busca minimizar la depresión clínica; al contrario, entiendo que es un tema muy profundo y complejo. Cambiarle el nombre refleja mi convicción de que no todos los procesos de duelo incluyen algo tan serio como la depresión. Si quieres entender más sobre esta condición, te recomiendo escuchar a Jordan Peterson, un orador y psicólogo clínico con valiosas perspectivas sobre el tema.

Estudiando este tema, descubrí que las etapas del duelo no son lineales. No se atraviesan en un orden estricto, sino que se pueden experimentar de maneras distintas y únicas para cada persona. Cada proceso de duelo es diferente, y todos lo vivimos a nuestra manera.

¿Quién atraviesa un duelo? Cualquiera que haya perdido algo: una relación, un sueño, una oportunidad, o incluso una rutina. Cualquier sentimiento de pérdida es válido, y también lo es no pasar por todas las etapas. Hoy quiero centrarme en la quinta etapa: la aceptación.

La aceptación y su verdadero significado

La aceptación está considerada como la parte de “superación” dentro de las cinco fases del duelo. Pero permíteme hablarte de mi experiencia como “el eterno acepto”. Mi primera reacción ante casi todo es la aceptación: “Bueno, debía pasar así; por algo se dan las cosas; es una oportunidad de aprender y crecer”. Esa es mi actitud constante. Parece ideal, ¿verdad? Durante mucho tiempo, yo también pensaba que podía llegar a la etapa final en línea recta, sin pasar por las demás. ¡Qué iluso!

Aprendí que el duelo no se vive de manera lineal. Haber “saltado” a la etapa cinco no significa que las otras etapas no aparecerán más adelante. Ignorar lo que ocurre dentro de ti solo implica posponer lo inevitable. El dolor es parte del crecimiento, como cuando de niño te dolían las piernas porque estabas creciendo. En la vida personal ocurre lo mismo: el dolor puede hacernos más fuertes y maduros, pero solo si sanamos de la manera correcta.

El costo de evitar el dolor

Si no tomamos tiempo para sanar, el costo puede ser alto. Al igual que un hueso mal soldado, un dolor emocional mal procesado puede generar “dolor crónico”: desconfianza hacia los demás, hacia nosotros mismos, y limitaciones emocionales que cargamos sin darnos cuenta. La superación y la aceptación no son lo mismo.

Quiero ser claro contigo: puedes vivir mejor de lo que estás viviendo hoy. Tal vez no sepas cómo, pero si crees que puedes, encontrarás el camino. Si te lastimaron en el pasado, no cargues con ese dolor. Esas cargas son como un yeso que nunca te quitaste, firmado por quienes presenciaron tu sufrimiento. Nos acostumbramos a cargar el dolor como si fuera parte de nosotros.

Una de las definiciones de sanar es restituir algo a su forma original, o incluso mejorarla. Hoy te animo a que desenredes tus emociones, les des forma, las comprendas y no dejes este proceso para más tarde. Hoy es el momento perfecto para sanar.

Un primer paso para sanar

Sanar puede parecer abrumador, pero todo gran cambio empieza con un pequeño paso. Si no sabes por dónde empezar, intenta esto: escribe lo que sientes. No tiene que ser perfecto ni extenso; solo deja que tus pensamientos fluyan. Puedes hacerlo en un diario, en tu celular o incluso en un papel que luego quieras destruir. Es un acto simbólico y liberador que te ayudará a empezar a procesar tus emociones.

El horizonte tras la sanación

Enfocarte en curar esos “huesos mal soldados” te traerá paz, alivio, confianza y un nuevo horizonte de oportunidades. Recuperarás cosas que creías perdidas, como la confianza en ti mismo o la valentía para volver a intentarlo. Quizás pienses: “¿Y si me vuelven a lastimar?” Pero mírate ahora: te lastimaron, y te recuperaste. Y saliste más fuerte.

No temas a salir lastimado. Personalmente, me da más miedo vivir “cojeando” emocionalmente toda mi vida. Estoy dispuesto a destruir y reconstruir cada parte de mi ser interior si eso significa que podré vivir una vida plena. El dolor es solo una parte del crecimiento; no trates de evitarlo.

Hoy es el día para empezar a sanar.

 

Gracias por acompañarme en esta lectura, espero te halla servido, no olvides contactarme en mis redes sociales si tenes algo para comentarme, te mando un abrazo.

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