Hacer más no siempre es vivir mejor

No me refiero a ese momento en el que estás tirado en el sillón después de scrollear durante 14 horas y te decís “uh, debería hacer algo”.
Me refiero a vos, que sentís que necesitás ser productivo todo el tiempo.

Vivimos en una época donde la hiperproductividad se disfraza de virtud. Pensamos que si no estamos haciendo algo útil, estamos perdiendo el tiempo. Entonces llenamos cada espacio de la agenda: ejercicio, deportes, libros, podcasts, audiolibros.
Y nos olvidamos de algo esencial: todo lo que hacés debería estar al servicio de la vida que querés vivir.

Imaginá esto: tenés un trabajo de 8 a 16. Te levantás temprano, entrenás, desayunás, y en el viaje al trabajo tenés los auriculares puestos escuchando un audiolibro.
¿Por qué?
Sí, escuchar audiolibros está buenísimo. Pero, ¿por qué superponerlo a otra actividad?
¿Cuándo fue la última vez que simplemente miraste por la ventana en el viaje, bajaste un poco el vidrio y sentiste el viento en la cara?

Nos obsesionamos con los “hábitos saludables” como si fueran puntos que sumamos.
Pero no se trata de cantidad.
Un hábito es saludable cuando te ayuda a estar presente.
Correr debería ser correr.
Leer debería ser leer.
Y si escuchás un podcast mientras cocinás (como hacía yo), podés terminar sin disfrutar ni la cocina ni el podcast. Y después, lo volvés a poner porque no le prestaste atención.

Elegí tus actividades de forma estratégica.
Separá lo obligatorio de lo opcional.
Y no conviertas lo opcional en reglas rígidas que te impiden disfrutar.

Si ver un partido de fútbol se transforma en una obligación más—“tengo que llegar a casa porque necesito desconectar”—entonces ya dejó de ser descanso.

Reducí la velocidad.
Hacer más cosas no te hace más productivo.

Nos cuesta aceptar que ser más productivos no necesariamente nos hace ganar más tiempo. A veces creemos que si optimizamos todo, vamos a vivir más o mejor. Pero llenar la agenda no alarga la vida, ni la hace más valiosa.

La cantidad de cosas que hacés no define el valor de tu día.

Lo que realmente cuenta es si estuviste presente en alguna de ellas.

Quizás no se trata de dejar de hacer, sino de volver a preguntarnos para qué hacemos.
No es una lucha entre actividad y descanso, sino entre vivir en automático y vivir con intención.
Porque si al final del día lograste tachar muchas cosas, pero no estuviste presente en ninguna, ¿realmente hiciste algo que valiera la pena?

Tal vez hacer menos… sea empezar a vivir más.

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