Había un hombre ciego sentado en un parque, con una lata frente a él y a su lado un cartel que decía: “Soy ciego, por favor ayúdeme”. Él podía sentir cómo la gente pasaba frente a él, pero nadie dejaba nada en su lata.

Luego de unas horas, una niña pasó frente a él, lo observó, tomó su cartel y un fibrón, y del otro lado escribió otras palabras.

El hombre, asustado, tocó sus pies y le dijo: “Por favor, no te lleves mi cartel, es lo único que tengo”.

“No te preocupes”, le respondió la niña. Cuando terminó de escribir, volvió a dejar el cartel en su lugar. El hombre se quedó muy preocupado, ya que no sabía qué clase de cosa había escrito en el cartel. Pensó que tal vez podría ser algo malo o alguna burla. Sin embargo, casi al instante, cada persona que él sentía pasar se agachaba a dejar dinero en su lata.

Con una mezcla de sorpresa y alegría, la tarde continuó hasta que él sintió nuevamente una presencia frente a él. Estiró sus manos y tocó sus pies: era la niña. Emocionado, le dio las gracias y le preguntó: “¿Qué fue lo que escribiste en ese cartel?”

A lo que la niña le respondió: “Lo mismo, pero con otras palabras”.

El cartel decía: “Es un día hermoso, pero yo no puedo verlo”.

Una hermosa historia, un mensaje poderoso.

El exceso de información que tenemos hoy día puede hacer que fácilmente nos olvidemos de las cosas maravillosas que hay en nuestro día a día. Nunca estuvimos tan metidos en los asuntos de los demás como hoy. La facilidad de acceder a la “vida” de otro por medio de una red social nos hace estar más pendientes de los demás que de nosotros mismos. Vemos cientos de personas tener la vida que “desearíamos tener” y nos lamentamos por no poder estar tirados en una lona en la playa o tomando un café en la punta de una montaña. ¿Qué si te mereces esas cosas? Eso está más que claro, pero quedarte sentado, deseándolo o envidiando a quienes lo están haciendo no es la manera de poder hacerlo.

¿De qué te estás quejando hoy?

Estudios han demostrado que quejarte tiene efectos negativos en tu vida. La queja está asociada a altos niveles de estrés y ansiedad, aumentando así las enfermedades mentales y también la depresión en las personas.

Quejarse también produce daño a tus relaciones interpersonales. Las personas que más se quejan están más asociadas a relaciones insatisfactorias, lo que lleva al aislamiento social y también a recibir menos apoyo de nuestro entorno. Pero hay otro punto que es del que quiero que hablemos hoy.

Quejarse disminuye tu productividad y tus chances de tener éxito en lo que deseas.

Supongamos que tenés un trabajo que no te gusta, y constantemente te quejás de él, independientemente de que tengas buenos motivos o no, podrías pensar: “Bueno, es hora de buscar otro trabajo”, pero… tu nivel de insatisfacción con tu trabajo actual te hace pensar “¿Y si la paso peor en mi otro trabajo? ¿Y si me va mal? Por lo menos acá ya sé lo que tengo que hacer.” Etc. Las personas que más se quejan son las que menos cambian, su perspectiva de cómo son las cosas se los impide. No les gusta su situación actual, pero cambiar es muy conflictivo, ya que podría ser peor.

Podríamos decir que la queja es un bucle, de hecho está comprobado que quejarnos afecta la neuroplasticidad de nuestro cerebro, que es la estructura de nuestra mente. Una persona que se queja siempre, se quejará más y le será cada vez más fácil.

¿Conoces a alguien así? ¿No serás vos, no?

Sabes, este tema me importa, porque quiero que vos seas pleno y tengas éxito, que disfrutes de quien sos y de las cosas que podés lograr. Por eso quiero que elimines la queja de tu vida. Tu situación no es el final del túnel, se puede arreglar, pero el primer paso es dejando de quejarte. Es el primer estadio de la solución.

¿Cómo dejo de quejarme?

  1. Practica la Gratitud Diariamente: Cada día, escribe tres cosas por las que estás agradecido. Esto puede ayudarte a mantener una perspectiva positiva y reducir la tendencia a quejarte.
  2. Reenfoca de Forma Positiva: Cuando sientas la necesidad de quejarte, detente y trata de encontrar algo positivo en la situación. Por ejemplo, si estás atrapado en el tráfico, piensa en cómo puedes usar ese tiempo para escuchar un audiolibro interesante.
  3. Reformula tu Lenguaje: En lugar de decir “No soporto este trabajo”, intenta decir “Este trabajo es un reto, pero me está enseñando habilidades importantes”. Cambiar tu lenguaje puede cambiar tu perspectiva.

Sé que parece demasiado sencillo para ser real, pero son los pequeños cambios los que de verdad transforman.

Desafíate a vos mismo a intentarlo. Luego podemos profundizar en otras prácticas, pero arranca con esto. No te vas a arrepentir.

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