En el año 2007, Werner Herzog dirigió un documental titulado “Encounters at the End of the World”, que explora la vida en la Antártida, incluyendo la de los pingüinos.
Lo que capturó la atención de muchos y se viralizó recientemente en redes fue una escena con un pingüino Adélie, apodado por algunos como el “pingüino nihilista”, que se separó de su colonia y caminó directamente hacia las montañas del interior, alejándose del mar y condenándose a una muerte segura.


“But Why?”: El pingüino que se enfrentó a la montaña.

No solo a la montaña, sino a todo lo establecido. Abandonó su manada, rechazó sus costumbres y desafió el orden que la biología le impuso.
Para muchos, es la historia de un héroe; para mí, una de horror.

Ese pingüino, que para algunos representa la máxima expresión de libertad, en realidad era un ser desorientado, incapaz de responder a sus instintos. El mismo director del documental, Werner Herzog, explicó que, incluso si lo hubieran devuelto a la colonia, habría vuelto a emprender el mismo camino suicida hacia el interior helado de la Antártida.


Me aterroriza cómo la gente se identifica e inspira con esto. Lo que yo veo detrás de esta historia es un ser que actuó de manera individual, sin pensar en sí mismo ni en nadie, cometiendo algo completamente irracional que lo llevó a morir de frío, hambre o agotamiento, en completa soledad y sin lograr nada.

Ese pingüino no inspiró a nadie de su manada a seguirlo; solo se condenó a sí mismo.


Ahora, pensemos en nosotros, que claramente no somos pingüinos. ¿Es ese el mensaje correcto? “¿Haz lo que sientas, sin importar si es evidentemente peligroso para tu vida, para la de los demás, sin importar si te garantiza una existencia de soledad, frío y hambruna?”
Podrías pensar que al menos te quedará la conciencia tranquila de haber hecho “lo que sentías”. Pero, ¿quién te dijo que lo que sientes es real? Puedes, como este pingüino, atravesar un problema de prioridades, no tener claro qué quieres en la vida ni haber evaluado bien tus posibilidades.
La gente cree que la rebeldía es rechazar lo establecido, cuando la verdadera rebeldía es encontrar tu lugar, crecer y demostrarte a ti mismo que eres capaz de hacer algo con tu vida mayor que tú mismo, que trascienda tus deseos personales y tu ambición ciega.
Imagina si cada persona en el mundo actuara así: la sociedad sería un completo caos.

Necesitas pensar en los demás, no para complacer a nadie, sino porque entre personas nos necesitamos. Necesitamos gente amable en la vida, personas que piensen a 10 años y no a 10 minutos, así como necesitamos a los que piensan en lo inmediato.


Separarte de tu manada y escapar hacia las montañas no es un acto de valentía; es la cobardía de no enfrentar la idea de que tal vez no encajes, de que tal vez no quieras esforzarte tanto para ser un miembro funcional de la sociedad, escapar a la responsabilidad de ser un padre de familia que cuida a su esposa e hijos.
Seguir “lo que sientes” es una idea absurda, porque a mitad de camino de la montaña sentirás mucho frío y hambre, y ahí pensarás que es momento de cambiar tus prioridades. (Y no, esto no es literal: el frío representa la ausencia de la calidez humana y social; la soledad, la completa ausencia de compañía y conexiones significativas; y el agotamiento, el cansancio de una sola actividad egoísta que no tiene más sentido que tú mismo.)
Entender que tienes una responsabilidad con tu vida –que es tuya, pero también de quienes amas y te rodean, hasta incluso de quienes no amas pero dependen de ti– con eso podrás pelear contra el frío y el hambre.
Pero si solo sigues tu deseo egoísta, desfallecerás muy pronto.

Es por eso que este pingüino no me inspira; me preocupa. Me preocupa que tantas personas se identifiquen con la idea de abandonar la responsabilidad de la vida con tal de no reconocer que tienen que cambiar, que tienen que aprender a ser mejores amigos, mejores vecinos, mejores jefes.

 

La vida es aterradora, y entiendo que quieras ser ese pingüino: preocuparte solo por ti y, si mueres en el proceso, al menos lo harás “haciendo lo que quisiste”.

Pero en tus momentos finales, cuando estés por entregarte a tu destino, pensarás: “Pude haber hecho más”.

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